«Y el curso no se inauguró»: Una visión desde el grupo de encerrad@s en el Hospital Real

Amanecimos muy temprano, a las 7 de la mañana,el lunes 1 de octubre. Hasta los que habían conseguido dormir algo porque llevaban tres días y tres noches allí, estaban cansados y salían dando tumbos de los sacos porque la noche anterior la asamblea se había prolongado más allá de las dos de la madrugada.

Había que decidir qué se hacía y qué se decía cuando llegara el gerente de la UGR, que, en conversación telefónica con compañeros sindicalistas del PAS, había quedado en venir ese mismo lunes a las 8.00. Tras varias intervenciones, había quedado claro que no se podía entrar en negociaciones que implicaran la desconvocatoria de la doble protesta del lunes (en la plaza de la Universidad y desde dentro del rectorado) ya que había salido de una asamblea multitudinaria y ahí estábamos sólo una pequeña parte de aquel grupo. Además, si el rectorado tenía algo serio que ofrecer, había dispuesto de tres días para hacerlo, sin necesidad de esperar al mismo lunes, a una hora y media del inicio de la protesta frente a la facultad de Derecho.

Por otro lado, también coincidíamos en que el gerente no era un interlocutor válido en la medida en que la movilización no incluía sólo al PAS, sino que toda la comunidad universitaria, con sus tres sectores, estaba implicada. Algun@s compañer@s propusieron encadenarse a las sillas de enormes respaldos verticales reservadas a las autoridades para el acto solemne de inauguración del curso y esperar la visita del gerente desde esa posición. Era importante que entre las personas que se encadenaran hubiera representantes de los tres sectores y así se decidió. La conclusión de la asamblea de encerrad@s fue que pediríamos un encuentro con el rector y que sólo se negociaría que se liberara la mesa de autoridades a cambio del compromiso del equipo rectoral de dejar entrar a todas las personas que quisieran hacerlo, a diferencia de lo ocurrido el curso anterior en la inauguración del curso, cuando la policía impidió el paso y multó a numerosos estudiantes que quisieron entrar al acto. Para acabar de completar el contexto en el que nos encontrábamos, añadiré que los compañeros del PAS nos habían informado de que el gerente, en las llamadas que les había hecho el fin de semana, había amenazado con desalojarnos del rectorado recurriendo a los antidisturbios si se daba el caso.

El gerente llegó puntual, cinco minutos antes de las 8. Seis compañeras y compañeros de los tres sectores lo esperaban ya encadenados a la mesa de autoridades y el resto de encerrad@s estábamos sentados en las primeras filas de sillas ya dispuestas para el acto, aunque aún sin las etiquetas con los nombres de los invitados que habían de ocuparlas. Se dirigió a Manuel Hidalgo directamente invitándolo a hablar en su despacho, junto con otros representantes sindicales del PAS. La respuesta de Manuel y de todo el grupo es que lo que tuviera que hablarse se había de hablar ahí en presencia de todas y todos, a lo que el gerente repuso, cito de memoria (pero no se alejaría mucho de estas palabras): en este edificio yo decido con quién hablo y dónde. Si cambiáis de opinión os espero en mi despacho. La respuesta del grupo al gerente fue: si cambias de opinión, te esperamos aquí.

Poco antes de las 9.00 Manuel recibió una llamada telefónica del gerente por la que se invitaba a una delegación de los tres sectores,incluyendo a Manuel, a reunirse con el gerente y el rector en su despacho. Manuel le respondió que él no se movía de la mesa, pero que trasladaría la propuesta al resto del grupo. Decidimos subir cinco personas representando a los tres sectores a conocer la propuesta del equipo rectoral, sin intención de negociar, ya que no nos correspondía, sino sólo de intercambiar posiciones para trasladarlas al resto del grupo. Así lo hicimos otros cuatro compañeros del PAS y estudiantes y yo por el PDI. A la entrada del recio despacho del rector había una mesa con los periódicos del día. En la portada del Granada Hoy el gran titular daba la noticia de que el rectorado obligaría a fichar al profesorado. Un guiño del azar, tal vez, pero no era de buen augurio. El rector nos pidió que expusiéramos nuestra postura y así lo hicimos, añadiendo, tal como se había hablado en asambleas anteriores, que a la comunidad universitaria le gustaría que saber que el rector está de su lado en la lucha contra los recortes, para lo que le hicimos llegar el manifiesto que dijo no conocer hasta ese momento, pese a haberse hecho público por diversos medios desde días antes. La propuesta del equipo rectoral fue que se dejaría entrar, como siempre, según él, a todas las personas que quisieran al acto, hasta completar aforo por medidas de seguridad, y que además estaba dispuesto a dar la palabra a los representantes de “un grupo de profesores, PAS y estudiantes” que habían escrito un manifiesto para que lo leyéramos. A todo esto, había intentado desviar el tema diciendo que él lo que tenía que decir lo iba a decir en el claustro convocado para dentro de unos días, ya que era el claustro la institución representativa del conjunto de la universidad. Nosotros éramos, decía él, un grupo, pero bien podía ocurrir que otro grupo se reuniera y pidiera lo contrario de lo que proponíamos nosotros. Hubo que aclararle ese extremo insistiendo, por nuestra parte en que la plataforma surgía de dos asambleas abierta a todo el mundo, concurridas como nunca se había visto en la UGR, con más de 300 participantes en cada caso y que además estaban representados en ese “grupo” todos los sindicatos con presencia en los órganos de representación del conjunto de trabajadores de la UGR (docentes y no docentes) y las principales asociaciones estudiantiles, junto a muchas más personas sin afiliación sindical. Dicho todo lo cual nos comprometimos a trasladar su propuesta al grupo de encerrados y a darle una respuesta al gerente como representante del equipo de gobierno a las 10.00.

El grupo de encerrad@s deliberó y decidió declinar la oferta el rectorado por insuficiente. Estaba bien que nos dejaran leer nuestro manifiesto, pero si el rector no se había comprometido a hacerlo suyo y además quería seguir con el resto del acto solemne como si la universidad estuviera viviendo una situación normal, no nos parecía que hubiera motivos para no seguir con nuestra intención de expresar nuestra propuesta y más después de tres días encerrados. En ningún momento de la conversación, ni con el gerente ni con el equipo del rector, se había hecho referencia al grupo que se iba a manifestar en la plaza de la universidad, ya que aunque estábamos coordinados con ell@s, era muy tarde para tomar decisiones que pudieran implicarles o para que se pudieran debatir en la plaza en plena protesta. Y tampoco nadie del rectorado (por desconocimiento de la convocatoria o por no prestarle mucha atención) hizo alusión a ella. No estábamos para dar pistas de lo que pensábamos hacer y menos sin que se nos preguntara.

A las 10.00, de nuevo puntual, llegó el gerente a la ‘mesa de autoridades’ y nos hizo sólo dos preguntas:

  1. ¿Dejaréis libre la mesa si se deja entrar a todo el mundo al acto?

Nuestra respuesta fue afirmativa.

  1. ¿Queréis que se os dé la palabra para leer el manifiesto?

Nuestra respuesta fue negativa.

Nos llamó la atención, y recuerdo haberlo comentado con varios compañeros después de que se marchara, que el gerente no nos preguntara lo que estábamos esperando después de la segunda pregunta: si íbamos a guardar silencio durante el acto. Pero él no preguntó y nosotros tampoco dijimos nada. De nuevo, no había por qué dar pistas. Pero si salió de allí pensando que nos habíamos comprometido a respetar la “normalidad” del acto, como al parecer el rector ha declarado a varios medios, la responsabilidad es exclusivamente suya.

Lo que pasó después ya se ha visto en varios vídeos que circulan por las redes, en varios medios de comunicación y en relatos escritos por manifestantes, y muy bien escritos, por cierto.

Sólo añadiré, a modo de conclusión, que a diferencia del rector pienso que ayer fue un gran día para la universidad pública. Y fue un día alegre además, porque se vio lo que la unidad de acción, el compromiso y la inteligencia de los tres sectores que la integran pueden conseguir cuando se trata de hacer oír su voz en defensa del derecho a la educación de calidad de tod@s y para tod@s. Ayer no había nada que celebrar, porque como bien decía uno de los lemas coreados dentro y fuera del rectorado, los recortes no se celebran. Una procesión que siempre me ha parecido de estética al menos discutible, ayer se había convertido en un acto grotesco e impresentable. El empecinamiento del rector en que la procesión arrancara a toda costa, aunque fuera con empujones de la policía a los manifestantes, su testarudez a la hora de mantener una celebración fuera de lugar cuando miles de estudiantes han tenido que dejar la universidad por el aumento de las tasas y las restricciones a las becas, cuando cientos de trabajadores universitarios están en una cada vez más complicada situación económica por los continuos recortes salariales, cuando a otr@s no se les renuevan los contratos y engruesan las listas del paro, cuando las bajas por enfermedad no se sustituyen e implican pérdidas salariales, cuando las aulas se masifican y los presupuestos de investigación se recortan, empieza a alcanzar tintes preocupantes. Aún está a tiempo nuestro rector de reconsiderar su actitud y, como han hecho otros, abanderar la defensa de la universidad pública. Si es así se le reconocerá, pero si no, las protestas, que en cualquier caso seguirán su curso hasta conseguir nuestros objetivos, se dirigirán contra todas las administraciones que por acción u omisión estén implicadas en los recortes, incluidos, faltaría más, él y su equipo.

Jesús de Manuel Jerez

PDI. Departamento de Traducción e Interpretación – UGR

 

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4 respuestas a «Y el curso no se inauguró»: Una visión desde el grupo de encerrad@s en el Hospital Real

  1. joana dijo:

    martes, 2 de octubre de 2012
    Confusiones no académicas
    Comparto la tristeza del rector de la UGR por los hechos que han impedido que tenga lugar, según lo previsto, el acto de inauguración del curso académico –que no hay que confundir con ninguna celebración festiva-. Completo tan personal declaración diciendo que era lo que me parecía previsible, pues contaba con que el pacto con los organizadores de las acciones de protesta que se vienen desarrollando difícilmente se iba a respetar. Y no por mala voluntad de los organizadores, sino por falta de acuerdo entre los participantes en las mismas acerca de cumplir lo pactado: hacer posible el acto leyendo en el mismo su manifiesto contra los recortes que afectan a la comunidad universitaria y en defensa de la universidad pública. El espontaneísmo de los manifestantes no iba a poder ser encauzado mediante tan razonable transacción.

    La situación era un tanto esquizoide. Muchos de quienes fuimos al acto académico podíamos estar detrás de las pancartas, pues nos identificamos con lo que reivindicaban. Es público que estoy en contra de los recortes del ministerio de Educación y de la política de ajustes del gobierno del PP, así como del fundamentalismo de la austeridad a la que se deben. Pero creo que es obligado en toda acción política tratar de acertar en el qué, el cuándo, el cómo y en relación a quién. Impedir un acto en una universidad pública que más que nunca necesita apoyo –el Hospital Real no es La Bastilla- y organizar una gran pitada a un rector que destaca resistiendo contra unas medidas que atentan contra estudiantes, profesorado, investigadores y personal de administración y servicios, es un desacierto. No hace falta dar por buenas todas las decisiones de este rector, pero se va al desastre si en medio de la batalla se confunden enemigos y aliados. Garantizada y ejercida la libertad de expresión, así como el derecho de manifestación, ¿no es posible más finura en el análisis para orientar mejor la acción ciudadana? Al menos para atinar con el destinatario de la protesta.

    http://argumentosptapias.blogspot.com.es/

  2. Iker dijo:

    La batalla que acontece hoy es dejar claro quienes son los eneminos para unirnos en la fuerza, en política de cambio, en transformación social es condición indispensable.

    Iker,
    CNT – Barcelona e investigador de la UPO, Sevilla

  3. universitario indignado dijo:

    Joana, insisto, no hubo tal pacto. Créeme. Estuve en la reunión con el rector y sólo nos comprometimos a trasladar su propuesta, que el resto de compañeras y compañeros encerrados consideró tardía e insuficiente (hay cinco testigos, al menos, de lo que digo). Difícilmente nos podemos entender con un equipo rectoral que falsea la realidad, que lleva a la policía a empujar a los cientos de personas que, frente a la facultad de Derecho, consideraban que no estamos para celebraciones, porque su procesión se tiene que celebrar por sus santos…, que desaprovecha los tres días que dura una movilización (por no hablar de los meses anteriores) para buscar un acuerdo y quiere lograrlo en el último momento, a media hora de que comience la protesta convocada, que menosprecia a la comunidad universitaria organizada en multitudinarias asambleas, primero mandando a su gerente a que hable sólo con sindicalistas del PAS y luego calificándola de ”un grupo” y que como colofón pretende contener a cientos de manifestantes con cinco guardias de seguridad bloqueando una escalera para acabar respondiendo a las protestas, como el gobierno Rajoy, criminalizando el movimiento y denunciando a los supuestos agresores de sus guardias. Ese no es nuestro rector y así difícilmente vamos a poder considerar que está de nuestro lado.

  4. Anónimo dijo:

    HAY PAISES DEMOCRÁTICOS Y DESARROLLADOS (DE LA OCDE) COMO CHILE, DONDE LOS RECTORES DE LAS UNIVERSIDADED PÚBLICAS ACUDEN JUNTO A SUS ESTUDIANTES A MANIFESTACIONES EN LAS CALLES EN DEFENSA DE LA EDUCACION SUPERIOR PÚBLICA. QUE APRENDA LA UGR DE LAS UNIVERSIDADES CHILENAS

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